Marear la perdiz es negar lo que está escrito que para entrar en la vida hay que guardar los mandamientos.
Ese joven rico no quería entregar sus bienes y encima quería engañar a Jesús.
Y ese ejemplo del joven rico ha quedado ahí escrito para ese rico, y todos los ricos del mundo hasta que venga Jesucristo en su segunda venida.
Pues es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de los cielos.





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