“Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos, 31 cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto”.
(Jueces 11:30-31 RV 1960)

Resulta bastante extraño este pasaje de Jefté y su hija. Y no precisamente por la casualidad de que, de todas las personas que había en la casa de Jefté, saliera su hija.

Lo verdaderamente extraño es que Jefté prometió a Jehová el holocausto de una persona (o sea, matarla y quemarla) ¿Sabía Jefté que este sacrificio era especialmente agradable a Jehová?

Resulta curioso que, con lo parlanchín que era Jehová en el Antiguo Testamento, no pusiera objeción alguna a este sacrificio. El que calla, otorga.

Por otra parte, Jehová aceptó de buen grado este sacrificio, ya que le dio la victoria a Jefté.

Lo que nunca sabremos es si Jehová le gastó a Jefté una broma macabra, haciendo que fuera su hija la que saliera primero.

Una historia macabra, como muchas de la Biblia.