Esta es, sin duda, una de las historias que me hicieron cuestionarme si el dios de la Biblia merece ser considerado Dios.
Como ser humano, y ciudadano del mundo del siglo XXI, me repugna que Jefté ofreciera la vida de una persona a cambio de lograr una victoria.
Pero más me repugna que Jehová admitiera esa ofrenda, concediéndole la victoria.
En el transcurso de miles de años, la ciencia y la cultura han ido refinando nuestra sensibilidad, y no tenemos que comulgar con los dioses y las historias creados por hombres de la Edad del Bronce.
La historia de Jefté y su hija es tremendamente triste y cruel.
En la casa de Jefté moraban muchas personas, por lo que, al ofrecer a Jehová la primera persona que saliera a recibirlo, no estaba en su mente que pudiera ser su hija.
El que sí sabía con certeza que la primera persona en salir a recibirlo sería su hija, era Jehová.
Nunca sabremos si este orden de salida estaba así establecido desde la eternidad, o fue modificado por Jehová para cobrarse un buen precio a cambio de su favor a Jefté.
Fuera como fuese, lo cierto es que resulta injusto que fuera el holocausto de un inocente el pago de un contrato.
“Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregas a los amonitas en mis manos, 31 entonces sucederá que cualquiera que salga de las puertas de mi casa a recibirme cuando vuelva en paz de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto. 32 Pasó, pues, Jefté a donde estaban los hijos de Amón para pelear contra ellos, y Jehová los entregó en sus manos. 33 Y los derrotó con gran estrago desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas. Y así fueron sometidos los amonitas delante de los hijos de Israel. 34 Y volvió Jefté a Mizpa, a su casa, y he aquí que su hija salió a recibirle con panderetas y danzas; y ella era sola, su única hija; fuera de ella no tenía hijo ni hija. 35 Y aconteció que cuando él la vio, rasgó sus vestidos, diciendo: ¡Ay, hija mía!, en verdad me has abatido y tú misma eres mi aflicción, porque yo he a abierto mi boca ante Jehová y no podré retractarme. 36 Ella entonces le respondió: Padre mío, puesto que has abierto tu boca ante Jehová, haz de mí tal como salió de tu boca, ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos, los hijos de Amón. 37 Y ella dijo a su padre: Hágase esto por mí: Déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes y llore mi virginidad, yo y mis compañeras. 38 Y él le dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue con sus compañeras y lloró su virginidad por los montes. 39 Pasados los dos meses, volvió a su padre, y él hizo con ella conforme a su voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón. Y se hizo costumbre en Israel 40 que de año en año las hijas de Israel fueran a recordar a la hija de Jefté, el galaadita, cuatro días en el año”.
(Jueces 11:30-40)
La Verdad nos hará libres.