Pues sí. Por mucho que moleste a Eli, y consultadas la mayoría de biblias, Jefté mató a su hija; la quemó, y el humo del holocausto agradó a Jehová.

Se puede sacar una moraleja de este relato: Cuida qué promesa haces a Jehová. Él nunca te dirá que te vuelvas atrás.

Y una cosa le diré a Eli: Mi grado de inteligencia no depende de su opinión.