NUESTRO MARAVILLOSO PLANETA
Si nos fijamos en cómo creó Dios la Tierra, vemos claramente su sabiduría (Rom. 1:20; Heb. 3:4). Es cierto que hay otros planetas que giran alrededor del Sol, pero la Tierra es especial porque solo en ella se dan las condiciones necesarias para que vivan los seres humanos.
Podría decirse que la Tierra es como un barco lleno de pasajeros que va flotando por la inmensidad del universo. Pero hay grandes diferencias entre un barco y nuestro planeta. Por ejemplo, ¿cuánto tiempo podrían sobrevivir los viajeros de un barco si tuvieran que producir su propio oxígeno, comida y agua, y si no pudieran tirar por la borda los residuos? ¿Verdad que morirían pronto? En cambio, en la Tierra viven miles de millones de seres vivos. Nuestro planeta produce todo el oxígeno, la comida y el agua que necesitamos. Y nunca se agotan estos recursos imprescindibles para la vida. Además, los residuos no se lanzan al espacio. Con todo, la Tierra sigue siendo hermosa y habitable. ¿Cómo es todo esto posible? Jehová la diseñó con fascinantes sistemas de reciclaje que renuevan sus recursos. Veamos brevemente dos de ellos: el ciclo del oxígeno y el ciclo del agua.
El oxígeno es un gas sin el que humanos y animales no podrían vivir. Según ciertos cálculos, los seres vivos respiran al año cien mil millones de toneladas de oxígeno. Pero, al respirar, expulsan un residuo llamado dióxido de carbono. Aun así, el oxígeno nunca se acaba y la atmósfera nunca se satura con este residuo. ¿Cómo es posible? Gracias al ciclo del oxígeno. Jehová creó una variedad de organismos —desde algas microscópicas hasta árboles gigantes— que absorben dióxido de carbono y expulsan oxígeno. El ciclo del oxígeno confirma de forma literal lo que dice Hechos 17:24, 25: “Dios [...] les da a todas las personas vida, aliento y todas las cosas”.
En la Tierra hay agua en estado líquido porque nuestro planeta está a la distancia perfecta del Sol. Si estuviera un poco más cerca, toda el agua se evaporaría, y el planeta no sería más que una roca pelada y caliente. Pero, si estuviera un poquito más lejos, toda el agua se congelaría, y el planeta se convertiría en una gran bola de hielo. Como Jehová colocó la Tierra en esta ubicación ideal, el ciclo del agua puede sostener la vida. ¿Cómo funciona este ciclo? El Sol calienta el agua de los océanos y de la superficie terrestre, y el agua que se evapora acaba formando las nubes. Todos los años, el Sol evapora casi 500.000 kilómetros cúbicos (120.000 millas cúbicas) de agua. Esa agua se queda en la atmósfera unos diez días, y luego cae en forma de lluvia o nieve, y termina de nuevo en los océanos o en otras masas de agua. Entonces el ciclo vuelve a empezar. Este ciclo eficaz y sostenible demuestra que Jehová es sabio y poderoso (Job 36:27, 28; Ecl. 1:7).
Para sentir más aprecio por nuestro planeta y todas las cosas buenas que hay en él, tenemos que meditar en las creaciones de Jehová (lea Salmo 115:16). Esto nos impulsará a darle las gracias cada día por todo lo bueno que nos da. Y también demostramos nuestro agradecimiento manteniendo el trocito de la Tierra en el que vivimos lo más limpio posible.