Siempre he pensado que hubiera sido más provechoso para la causa, que Jesús hubiera enseñado las llagas de sus manos y sus pies a Pilato, o a Caifás, en lugar de a Tomás.
Seguro que el cristianismo se hubiera ahorrado muchos mártires.
También veo poco práctico el derroche celestial narrado por Lucas.
No lo digo por los pastores, a los que respeto; pero por muchos que fueran, no pasarían de una treintena. Esa misma multitud de las huestes celestiales sobre la ciudad de Jerusalén, al erario divino le habría costado lo mismo, y los efectos hubieran sido mucho mayores.
Años después, cuando Jesús decía que era el Hijo de Dios y no le creían, le hubiera bastado con decir: “¡Acordaos de la noche del concierto celestial!”.
Se me puede argumentar que quien soy yo para criticar los planes de Dios. Pero lo cierto es, que no termino de entender para qué me fue dada la razón (el pensar). Si no la uso, poco me diferencio del burro que está sacando agua de una noria.
“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. 8 Y había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños. 9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo: 11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 12 Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: 14 ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:7-14)
La Verdad nos hará libres.