En el post 622 comento lo singular que resulta el evangelista Mateo, narrando pasajes que omiten los otros tres evangelistas.
-Los tres magos de oriente.
-Estrella que les guía.
-Matanza de los niños inocentes.
-Huida a Egipto.
-Resurrección de muchos justos a la muerte de Jesús.
Hoy voy a comentar otro pasaje que solamente lo narra Mateo: La guardia que se puso en el sepulcro de Jesús.
Los otros tres evangelistas, ni cuando narran la visita al sepulcro de las mujeres el día de la resurrección, hacen mención a los guardias.
Veamos lo que dice Mateo:
“Y al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, 63 y le dijeron: Señor, nos acordamos de que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. 65 Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. 66 Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.” (Mateo 27:62-66)
Por lo que nos cuentan los últimos capítulos de los evangelios, no pasó por la cabeza de ningún seguidor de Jesús que éste pudiera resucitar.
Resulta curioso que sí lo tuvieran en cuenta los menos indicados: “los principales sacerdotes y los fariseos”. Estos sí tuvieron presentes las palabras de Jesús de que resucitaría.
Seguimos con Mateo:
“Y PASADO el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. 2 Y he aquí, hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y acercándose al sepulcro, removió la piedra y se sentó sobre ella. 3 Y su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron como muertos.”
(Mateo 28:1-4)
Como es costumbre en Mateo, no podía faltar el consabido terremoto, ocasionado por un ángel con aspecto de relámpago, que removió la piedra, y cuya presencia dejó a los guardias como muertos.
Seguimos con Mateo:
“Y mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. 12 Y reunidos con los ancianos, y habiendo deliberado, dieron mucho dinero a los soldados, 13 diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron mientras dormíamos. 14 Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros le persuadiremos y os pondremos a salvo. 15 Y ellos, tomando el dinero, hicieron como habían sido instruidos; y este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.” (Mateo 28:11-15)
Vista la narración de Mateo, yo me pregunto si en los tiempos de Jesús había en Israel alguna persona un poco decente (o al menos, normal).
Hace falta tener pocos escrúpulos para soltar una historia tan absurda.
¿Acaso no vieron los soldados algo extraordinario?
¿Ignoraban que estaban allí porque el enterrado había dicho que resucitaría?
¿Todos eran mezquinos y fáciles de sobornar?
¿Ignoraban que el dormirse en la guardia conlleva pena de muerte?
Y no digamos de los principales sacerdotes y ancianos.
¿Todos eran malos?
¿Ninguno vio que lo que decían los guardias era el cumplimiento de las palabras de Jesús?
No me extraña que el pasaje de la guardia sea omitido por los otros evangelistas.
Es una historia muy burda; absurda.
Y sin pretenderlo, Mateo nos indica cómo fue la “resurrección de Jesús.”
La Verdad nos hará libres.