Ese día, el 13 de septiembre fuimos a la colonia Roma, que es una bella zona llena de Art Nouveau y una vida cultural muy importante, en la librería nos tomamos de las manos y luego hacia la noche fuimos a un lugar donde concurren jóvenes y tomamos cerveza, antes de abordar un taxi que nos llevaría a casa. Pague al taxi para que la llevara a su casa y yo me bajé para ir a la mía en un punto. Me sentía muy contento, muy feliz.
Al día siguiente le hablé a su teléfono y encontré una reacción inesperada.Me comenzó a reclamar diciéndome que qué pretendía con ella. La verdad me sorprendió mucho, no sé qué había pasado y porqué ese cambio violento en relación al día anterior. No explicó correctamente lo que pasaba, sólo había ese tono de reclamo y yo le respondía que esperaba lo que ambos habíamos entendido, que teníamos una relación. Como no era claro lo que me decía, opte por decirle que si no quería andar conmigo, entendía y que no había problema, que no sé en que momento se habían malentendido las cosas, pero que las relaciones eran voluntarias y que si ella decidía, que no pues no. La confusión se agregó con la frase de ella de que no me había dicho que no, pero que no se decidía a andar conmigo, que eso ella lo decidiría después, que por el momento no. Bien, está bien, luego nos vemos y colgamos.
No sé que había pasado. Pero bueno, lo importante es que no me había encarrerado, la anterior experiencia había dado la nota, así es que a otra cosa mariposa, pensé creo que no empató con esa generación, lo mejor es eludir cuando no sean de mi generación.
Preparé todas mis cosas para regresar a España, así lo hice una semana más tarde y cuando llegué estaba ya la fecha de mi examen. Lo hice, festejé con mis amigos de allá, un grupo de chicas me regalaron un libro de poesía, llevé a mi jurado a comer, viajé a Portugal y fui a una fiesta del consulado cubano en la que me divertí de lo lindo. De esta forma regresé a México de nuevo, cuando estaba ya mi boleto de avión.
De regreso me habló la chica casada, ella era mayor que Roxana, tenía aproximadamente 38 años cuando se conectó y me invitó a ser padrino de quince años de su hija, así que en diciembre fui a la fiesta y me la pasé de maravilla.
Pasó prácticamente un año desde que había pasado lo relatado con Roxana hasta que ella me mandó un correo electrónico pidiéndome mi teléfono. Ella me hablaba de vez en cuando, yo le respondí y siempre le aclaré que sólo éramos amigos, en algunas de las llamadas me respondía que no me había dicho que no, que aún no se decidía a lo que yo siempre le di a entender que para mi eso ya había pasado y que estaba en otro canal ya.
Para el mes de diciembre había adquirido un automóvil nuevo y decidí cargar con mis hijos y llevármelos al sureste mexicano para que conocieran la tierra de mis abuelos, estaba en la península de Yucatán cuando empezaron de nuevo los mensajes, esta vez por WhatssApp. ¿Dónde estaba? Me preguntó y yo le respondí que en Yucatán. Ella comenzó a decirme que ¿por qué no la había invitado? Me pareció raro porque yo había sentido sinceramente que un año antes me había bateado, ¿por qué ahora la tendría que invitar de vacaciones si no era nada mío? Pero ella continuaba insistiendo, así que no me opuse, le seguí la corriente, total ya estaba allá y la estaba pasando muy bien. Hacia finales de diciembre regresé y continué con las festividades. Yo no esperaba ya nada, sentía que ella simplemente nada, aunque ella insistía en que nunca me había dicho que no. Yo no necesité nunca urgentemente a alguien para estar, soy autosuficiente y no tengo miedo de vivir solo. Pero todo este panorama cambió súbitamente el 8 de enero de 2017, esto se los relataré en la siguiente entrega.
¡Pensar por cuenta propia!
GBNL