Para muchos creyentes sinceros
esto ha resultado confuso, contrario al razonamiento normal,
diferente de todo cuanto han conocido
ESTA confusión es extensa.
The Encyclopedia Americana dice que se considera
que la doctrina de la Trinidad está
“más allá de lo que puede concebir la razón humana”.
Muchos de los que aceptan la Trinidad la ven así.
El monseñor Eugene Clark dice:
“Dios es uno solo, y Dios es tres.
Puesto que en la creación no hay nada comparable a esto,
no podemos entenderlo, sino solo aceptarlo”.
El cardenal John O’Connor declara:
“Sabemos que es un misterio muy profundo,
uno que jamás podríamos entender”.
Y el papa Juan Pablo II habla del
“misterio inescrutable de Dios la Trinidad”.
Por eso, Diccionario de conocimiento religioso dice:
“Los trinitarios no concuerdan entre sí
sobre precisamente en qué consiste la doctrina,
o, más bien, en precisamente cómo explicarla”.
Eso nos ayuda a comprender por qué la New Catholic Encyclopedia
(Nueva enciclopedia católica) dice:
“En los seminarios católicos romanos
son pocos los maestros de teología trinitaria
a quienes no se haya importunado alguna vez con la pregunta:
‘Pero ¿cómo enseña uno la Trinidad?’.
Y si esa pregunta evidencia confusión entre los estudiantes,
puede que no evidencie menos confusión entre los profesores”.
¿Cómo puede ser que el Padre sea Dios,
que Jesús sea Dios y que el espíritu santo sea Dios
y sin embargo que no haya tres Dioses, sino un solo Dios?
¿podría responsabilizarse a Dios
por una doctrina sobre sí mismo que es tan confusa
que ni hebraístas, helenistas ni latinistas pueden explicarla?
Además, ¿tendrían que ser teólogos
los que quisieran ‘conocer al único Dios verdadero
y a su enviado Jesucristo’?
Si así fuera, ¿por qué fueron tan pocos
los líderes religiosos judíos educados
que reconocieron a Jesús como el Mesías?
Contrario a eso, sus discípulos fieles fueron campesinos humildes,
pescadores, recaudadores de impuestos y amas de casa.
Estas personas comunes estaban tan seguras de lo que Jesús enseñaba
acerca de Dios que podían enseñarlo a otros
y hasta estaban dispuestas a morir por su creencia.
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)