En el antiguo Israel, los sacrificios
eran la base para recibir el perdón de pecados
y la aprobación de Jehová.
Algunos eran obligatorios,
mientras que otros eran voluntarios {{
(Lev. 23:37, 38).
”’Estas son las fiestas periódicas de Jehová
que ustedes deben convocar como reuniones santas
para presentar una ofrenda hecha con fuego para Jehová:
la ofrenda quemada y la ofrenda de grano del sacrificio
y las ofrendas líquidas según el programa diario.
38 Esas ofrendas se harán además
de lo que se ofrece durante los sábados de Jehová
y además de sus regalos, de sus ofrendas de voto
y de sus ofrendas voluntarias, que ustedes deben darle a Jehová
Jehová comprendía que no todos
podrían ofrecer lo mismo, así que esperaba
de cada cual solo lo que sus circunstancias le permitieran.
Su Ley estipulaba que se ofrecieran animales
y se derramara su sangre,
pues estos sacrificios eran
“una sombra de las buenas cosas por venir”
a través de Jesús.
(Hebreos 10:1-4)
Porque, como la Ley tiene una sombra de las cosas
buenas por venir pero no la realidad misma de esas cosas,
esta nunca puede perfeccionar
con los mismos sacrificios que se ofrecen regularmente
año tras año a los que se acercan.
2 De otro modo,
¿no se habrían dejado de ofrecer los sacrificios
porque los que dan servicio sagrado,
al haber sido purificados,
ya no tendrían conciencia de ningún pecado?
3 Por el contrario,
con estos sacrificios
se recuerdan año tras año los pecados,
4 porque no es posible que la sangre de toros
y de cabras elimine los pecados.
Ahora bien, Jehová era flexible y comprensivo.
Por ejemplo, si un israelita no podía ofrecer
un animal del rebaño o de la vacada,
aceptaba que le ofreciera unas tórtolas en su lugar.
De este modo, hasta los pobres tenían la oportunidad
de hacer sacrificios (Lev. 1:3, 10, 14; 5:7).
Eso sí, aunque los animales que se ofrecieran podían variar,
había dos cosas que Jehová exigía de todo el que le hiciera
ofrendas voluntarias.
No quiero sacrificios
Mira.....el contexto, a quienes se lo dijo, y porque
Mateo organiza un gran banquete en su casa.
Invita a Jesús, a sus discípulos y a varios antiguos compañeros de trabajo,
otros cobradores de impuestos. Estos recaudan los impuestos
que impone el gobierno romano, que tanto odia el pueblo judío.
Cobran impuestos, entre otras cosas,
por los barcos que llegan al puerto, por las caravanas
que viajan por los caminos principales y por los productos que se importan.
¿Qué opinión tienen de ellos los demás judíos?
Por lo general los desprecian, porque a menudo estafan
a la gente cobrando más de lo debido.
Además, en el banquete hay pecadores,
personas conocidas por llevar una vida inmoral(Lucas 7:37-39).
Al ver que Jesús
está comiendo con personas de esa clase,
los fariseos, que se creen mejores que los demás,
les preguntan a los discípulos:
“¿Por qué come su maestro
con cobradores de impuestos y pecadores?”(Mateo 9:11).
Como Jesús los oye, les dice:
“Los que están sanos no necesitan un médico,
pero los enfermos sí.
Así que vayan y aprendan lo que significan estas palabras:
‘Lo que quiero es compasión,
no sacrificios’.
Porque no vine a llamar a justos,
sino a pecadores”(Mateo 9:12, 13;
Jesus cito de las escrituras santas
las hebreas, cito de
Oseas 6:
Porque lo que me causa placer es el amor leal,
no los sacrificios, y el conocimiento de Dios,
no las ofrendas quemadas.
Jesús siempre se apoyaba en la sagrada biblia
la verdad la llamo
y citaba de ella
¿Estaba Jesús excusando a los pecadores?
Claro que no. Él quería que se arrepintieran.
De hecho, esa era una parte importante del mensaje que predicaba
(Mat. 4:17).
Pero Jesús tenía perspicacia
y se daba cuenta de que al menos algunos de estos
“recaudadores de impuestos y pecadores” querían cambiar.
No habían ido a la casa de Mateo solo para comer.
Más bien, muchos de ellos eran seguidores de Jesús (Mar. 2:15).
Por desgracia, la mayoría de los fariseos
no veían a los demás como los veía Jesús.
Los tachaban de pecadores y los trataban como casos perdidos.
Aquellos líderes eran muy diferentes
del Dios justo y misericordioso al que afirmaban adorar.
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)