A Jesús lo mataron por andarles moviendo el tapete a otros judíos que a su vez tenían disputas y se mataban entre sí.
Un siglo antes de Cristo, Alejandro Janeo, saduceo, ordenó matar a tres mil fariseos.
Desde el punto de vista antropológico, lo ocurrido a esos tres mil fariseos es lo mismo que le pasó a Jesucristo, y dicho sea de paso, lo mismo que Moisés y Elías ordenaron hacer a sus rivales.
El creyente es el que aplaude unos homicidios y se desgarra las vestiduras por otros. Su doble moral está condicionada por su fe.





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