Todos los sacrificios efectuados bajo el pacto de la Ley
señalaban a Jesucristo y su sacrificio o a los beneficios
que se derivan de dicho sacrificio.



Heb 8:3-5; 9:9; 10:5-10
3 Porque todos los sumos sacerdotes son nombrados para presentar tanto ofrendas como sacrificios; por eso era necesario que este sumo sacerdote también tuviera algo que ofrecer. 4 Si él estuviera en la tierra, no*sería sacerdote, porque ya hay hombres que presentan ofrendas de acuerdo con la Ley. 5 El servicio sagrado que dan estos hombres es un reflejo y una sombra de cosas celestiales, tal como indica el mandato que Dios le dio a Moisés cuando estaba a punto de construir la tienda: “Asegúrate de hacer todas las cosas siguiendo el modelo que se te mostró en la montaña”
9 Esta tienda es una representación simbólica para nuestros tiempos, y, siguiendo ese sistema, se presentan tanto ofrendas como sacrificios. Sin embargo, estos no*logran que la conciencia del hombre que da servicio sagrado sea perfecta
5 Así que, cuando él entra en el mundo, dice: “‘No quisiste ni sacrificios ni ofrendas, pero me preparaste un cuerpo. 6 No aprobaste ni ofrendas quemadas ni ofrendas por el pecado’. 7 Entonces dije: ‘Mira, he venido (en el rollo está escrito acerca de mí) para hacer tu voluntad, oh, Dios’”. 8 Primero dice: “No*quisiste ni aprobaste sacrificios ni ofrendas ni ofrendas quemadas ni ofrendas por el pecado”, que son sacrificios que se ofrecen según la Ley. 9 Y luego dice: “Mira, he venido para hacer tu voluntad”. Él elimina lo primero para establecer lo segundo. 10 Por esa voluntad hemos sido santificados mediante el cuerpo de Jesucristo, que fue ofrecido una vez y para siempre.



Después de señalar las limitaciones
de los sacrificios animales, Pablo explica:
“Cuando entra en el mundo, [Jesús] dice:
‘“Sacrificio y ofrenda no*quisiste,
pero me preparaste un cuerpo.
No aprobaste holocaustos ni*ofrenda por el pecado”.
Entonces dije yo:
“¡Mira! He venido (en el rollo del libro está escrito de mí)
para hacer tu voluntad, oh Dios”’” (Hebreos 10:5-7).

Citando del Salmo 40:6-8, Pablo observa que Jesús
no vino con el fin de perpetuar “sacrificio y ofrenda”
ni “holocaustos ni*ofrenda por el pecado”,

Jesús, el Hijo perfecto de Dios,
debía desempeñar el papel
de la “descendencia” de la mujer predicho en Génesis 3:15.

Había de ‘magullar a Satanás en la cabeza’,
aunque a él mismo se le ‘magullaría en el talón’.
De ese modo Jesús se convirtió en el medio
del que Jehová se valdría para salvar a la humanidad,
en quien habían esperado los hombres de fe desde los días de Abel.