Elisabet Dios no se debilitó ni transigió
en cuanto a sus propias leyes.

Esto solamente habría animado a que hubiese más desafuero
por haberse dado un mal ejemplo.

Sin embargo, él no le volvió la espalda a la humanidad
ni los dejó sin esperanza.

Aunque se apegó a sus leyes, Dios amorosamente proveyó alivio,
no para el pecador voluntarioso Adán, sino para la prole de Adán,
quienes, sin que pudieran elegir otra cosa en el asunto,
sufrieron los efectos del mal que él cometió.
Dios hizo esto en armonía con un principio legal
que él más tarde incluyó en la ley mosaica,
a saber, “alma será por alma.” (Deuteronomio 19:21)

Ahora Elisabet
veamos cómo este principio aplicó en el rescate provisto por Jesús.