Elisabet
El “alma viviente” Adán,
quien hizo que la humanidad perdiera la vida,
era un humano perfecto. En cambio por lo que él perdió,
se necesitaba otra alma humana, igual a Adán,
una que ofreciera su propia vida perfecta como sacrificio
a favor de la humanidad. (1*Corintios 15:45)

Ningún descendiente de Adán llenaba los requisitos para esto,
porque todos nacían imperfectos.
Como resultado de esto, todos mueren porque son pecadores,
y no*tienen ningún derecho a la vida humana
que puedan sacrificar a favor de otros. (Salmo 49:7 [48:8, TA])

Por eso, Dios envió a su propio Hijo a la Tierra.
Jesús nació como humano, porque era una vida humana lo que se exigía.
Pero nació sin la ayuda de un padre humano,
para ser perfecto como Adán lo fue.

Solo Dios fue el Padre del humano Jesús,
como había sido también el Padre de Adán. (Lucas 3:38)

Así, Jesús llenaba todos los requisitos necesarios
para ofrecer su vida como “rescate correspondiente.”
—1*Timoteo 2:6; Efesios 1:7.



Cita Iniciado por KIMO Ver Mensaje
Elisabet Dios no se debilitó ni transigió
en cuanto a sus propias leyes.

Esto solamente habría animado a que hubiese más desafuero
por haberse dado un mal ejemplo.

Sin embargo, él no le volvió la espalda a la humanidad
ni los dejó sin esperanza.

Aunque se apegó a sus leyes, Dios amorosamente proveyó alivio,
no para el pecador voluntarioso Adán, sino para la prole de Adán,
quienes, sin que pudieran elegir otra cosa en el asunto,
sufrieron los efectos del mal que él cometió.
Dios hizo esto en armonía con un principio legal
que él más tarde incluyó en la ley mosaica,
a saber, “alma será por alma.” (Deuteronomio 19:21)

Ahora Elisabet
veamos cómo este principio aplicó en el rescate provisto por Jesús.