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La Ley que se dio a Israel a través de Moisés
incluía entre sus disposiciones la institución de un sacerdocio
y las ofrendas de sacrificios de animales.
Como muestra el apóstol Pablo bajo inspiración,
aunque la Ley provenía de Dios, por lo que era perfecta,
ni la Ley ni el sacerdocio ni los sacrificios mismos
hicieron perfectos a los que se esforzaban por cumplirla. (Heb 7:11,*19; 10:1.)
En lugar de libertar del pecado y la muerte,
en realidad hizo más patente el pecado. (Ro 3:20; 7:7-13.)
No obstante, todas estas disposiciones divinas
cumplieron con el propósito designado por Dios:
la Ley sirvió de “tutor” para conducir a los hombres al Cristo,
fue una “sombra [perfecta] de las buenas cosas por venir”.
(Gál 3:19-25; Heb 10:1.)
Por consiguiente, cuando Pablo habla
de la “incapacidad de parte de la Ley,
en tanto que era débil a causa de la carne” (Ro 8:3),
es obvio que se refiere —como explica Hebreos 7:11, 18-28—
a la incapacidad del sumo sacerdote judío
(que era quien, según la Ley, se encargaba
de los sacrificios y entraba en el Santísimo el Día de Expiación
con la sangre del sacrificio) de “salvar completamente”
a quienes servía. Aunque el ofrecer sacrificios
por medio del sacerdocio aarónico
permitió que el pueblo tuviera una posición aprobada ante Dios,
esto no les libró por completo (es decir, a la perfección)
de la conciencia del pecado.
El apóstol se refiere a este aspecto
cuando dice que los sacrificios de expiación no pueden
“perfeccionar a los que se acercan”,
es decir, perfeccionarlos respecto a su conciencia.
(Heb 10:1-4; compárese con Heb 9:9.)
El sumo sacerdote no podía proporcionar el precio de rescate
necesario para una verdadera redención del pecado.
Solo el servicio sacerdotal perdurable de Cristo
y su sacrificio pueden lograrlo.
Heb 9:14; con mucha más razón la sangre del Cristo, quien mediante un espíritu eterno se ofreció sin ningún defecto a Dios, limpiará de obras muertas nuestra conciencia para que le demos servicio sagrado al Dios vivo.
10:12-22.
Pero este hombre ofreció un solo sacrificio para siempre por los pecados y se sentó a la derecha de Dios, 13 y desde entonces está esperando a que se ponga a sus enemigos como banquillo para sus pies. 14 Porque con una sola ofrenda de sacrificio él ha perfeccionado para siempre a los que están siendo santificados. 15 Además, el espíritu santo también nos da testimonio de eso, porque primero ha dicho: 16 “El pacto que haré con ellos después de esos días —dice Jehová— es este. Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes”. 17 Luego dice: “Y no me acordaré más de sus pecados ni de las cosas malas que hicieron”. 18 Ahora bien, cuando estos son perdonados, ya no hace falta una ofrenda por el pecado.
19 Por lo tanto, hermanos, ya que tenemos valor para usar el camino de entrada al lugar santo por medio de la sangre de Jesús 20 —un camino nuevo y vivo que él abrió para nosotros a través de la cortina, es decir, su carne— 21 y ya que tenemos a un gran sacerdote a cargo de la casa de Dios, 22 acerquémonos con un corazón sincero y una fe plena, pues nuestros corazones fueron limpiados de una mala conciencia y nuestros cuerpos fueron lavados con agua limpia.
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