¿Existe el libre albedrío? ¿Es el hombre dueño de sus actos?
¿De todos?
No elegimos nacer; ni a nuestros padres; ni su posición social; ni nuestro aspecto; ni nuestra inteligencia; ni el país; ni nuestro carácter.
Sin haber elegido nada hasta el momento, nos encontramos en el mundo. Nos imponen un nombre; una religión; una sociedad y lo que es bueno o malo en esa sociedad.

Tu vida ya está encarrilada. Tienes que seguir las directrices de esa sociedad, y los preceptos de la religión que te impusieron.
Tampoco puedes elegir el tener o no enfermedades; y si las tienes, la clase.
De la muerte, no sabemos el día ni cómo.

Si en tantas cosas y tan importantes, no hemos tenido ni voz ni voto ¿En el resto sí? ¿Quién puede afirmar eso con certeza?

El que se está muriendo de hambre y tiene la oportunidad de coger un pan que no es suyo (robar), ¿Tiene libre albedrío?
Yo diría que no.
Pienso que la mayoría de nuestros actos durante nuestra vida están marcados por nuestras circunstancias.
En realidad no pretendía hablar del libre albedrío. Lo que he escrito es para dar pié un excelente chiste.
Que lo disfruten.


Moisés, Jesús y un anciano con barba están jugando al golf. Moisés da un buen golpe, la bola va a parar a la calle y luego va rodando hacia el estanque. Moisés levanta el palo, aparta las aguas y la bola sigue rodando tranquilamente hacia el otro lado.

Jesús también golpea fuerte y la bola se acerca al estanque pero, cuando está a punto de caer en el centro, se queda sobrevolando la
superficie. Jesús se aproxima al estanque como si tal cosa y de un golpecito manda la bola al green.

Cuando le toca el turno al anciano barbudo, la manda contra una valla, de ahí rebota a la calle, donde hace carambola contra un camión y se dirige de nuevo a la calle. Va en dirección al estanque, pero cae en un parterre de lirios, donde una rana la ve y se la mete en la boca. Aparece un águila, apresa la rana y se va. Cuando el águila y la rana sobrevuelan el green, la rana abre la
boca y suelta la bola, que cae justo en el hoyo. Moisés se vuelve hacia Jesús y le dice:
—Odio jugar con tu padre.