Dios no quiere sacrificios. Eso es lo que Jesús enseñó. Entonces, no debéis llamar sacrificio a lo que hizo Jesús, pues Él dio su vida, no como un sacrificio, sino por amor a sus hijos y para enseñarles los mandamientos que realmente había dado Dios desde siempre y para siempre. Por eso, la sangre de Jesús fue derramada por muchos para remisión de los errores.
Y es que el pueblo vivía en error porque no conocía los mandamientos que realmente fueron dados por Dios. Y Jesús, cuando predicó el Evangelio, nos reveló los misericordiosos mandamientos dados por Dios desde siempre y para siempre y anuló los mandatos de hombres que les mandaban penas de muerte, guerras, sacrificios, esclavitud y masacrar a pueblos enteros, hombres, mujeres y niños.
En Mateo 5:17-18 dice que Jesús no vino a abolir la ley y los profetas. Pero debes comprender que la ley y los profetas no son todos los mandatos escritos en el Antiguo Testamento, de los cuáles Jesús abolió todos los que faltaban a la misericordia y mandaban a los hombres aplicar penas de muerte, hacer guerras, sacrificios, esclavitud y masacres de pueblos enteros. El mismo Jesús nos dice que la Ley y los profetas es ésta:
Mateo 7:12
Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque ésta es la ley y los profetas.
Así que ésta es la Ley que Jesús no vino a abolir.





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