Otros textos bíblicos que según los trinitarios expresan elementos de su dogma
Nótese que el primero de estos textos bíblicos se refiere solamente al Hijo; el otro se refiere tanto al Padre como al Hijo; ninguno de los dos se refiere al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo ni dice que éstos compongan un Dios.
Juan 2:19-22:
Por lo que Jesús dijo aquí, ¿quiso decir que se resucitaría a sí mismo de entre los muertos? ¿Significa eso que Jesús sea Dios, porque Hechos 2:32 dice: “A este Jesús lo resucitó Dios”? De ningún modo. Dicho punto de vista estaría en conflicto con Gálatas 1:1, donde se atribuye la resurrección de Jesús al Padre, no al Hijo. En Lucas 8:48 Jesús usa un modo de expresión parecido al decir a una mujer las siguientes palabras que allí se citan: “Tu fe te ha sanado”. ¿Se sanó ella misma? No; fue el poder de Dios mediante Cristo lo que la sanó debido a que tuvo fe (Luc. 8:46; Hech. 10:38). De igual manera, por su obediencia perfecta como humano Jesús proveyó la base moral para que el Padre lo levantara de entre los muertos, reconociendo así a Jesús como Hijo de Dios. A causa del derrotero fiel de Jesús en la vida, con toda propiedad se pudo decir que Jesús mismo fue responsable de su resurrección.
A. T. Robertson dice en Word Pictures in the New Testament (Ilustraciones verbales en el Nuevo Testamento): “Recuerde [Juan] 2:19, donde Jesús dice: ‘Y en tres días lo levantaré’. No quiso decir que se levantaría a sí mismo de entre los muertos, independientemente del Padre como el agente activo (Rom. 8:11)” (Nueva York, 1932, tomo V, pág. 183).
Juan 10:30:
Al decir: “Yo y el Padre somos uno”, ¿quiso decir Jesús que fueran iguales? Algunos trinitarios dicen que sí. Pero en Juan 17:21, 22 Jesús oró con relación a sus seguidores: “Que todos ellos sean uno”, y agregó: “Para que ellos sean uno así como nosotros somos uno”. Él usó la misma palabra griega (hen) para “uno” en todos estos casos. Obviamente los discípulos de Jesús no llegaron a ser todos parte de una Trinidad. Pero sí llegan a participar de cierta unidad de propósito con el Padre y con el Hijo, la misma unidad que une a Dios y a Cristo.