6-3.
El libro de este profeta seguramente fue escrito en tiempos difíciles para Israel, tiempos de persecución y resistencia. Pero, por encima de los hechos inmediatos, el autor interpreta la historia como una lucha en la que Dios toma parte en favor de su pueblo y en contra de los dominadores de turno. Con esto trata de levantar la esperanza de los justos y abrir una brecha a través de los gruesos muros de la angustiosa realidad presente.
Por el género utilizado y el objetivo que persigue, se trata de un libro en cierta manera parecido al Apocalipsis del NT.
MIGUEL/ARCANGEL:En los dos capítulos anteriores se han descrito los acontecimientos históricos desde el punto de vista o perspectiva escatológica, esto es, teniendo en cuenta el desenlace final. Así, estos versículos que nos ocupan constituyen la conclusión del relato y de su interpretación. En ellos se anuncia cómo todo llegará a un nuevo punto culminante y decisivo, en el que Israel será protagonista y vencedor, y se cumplirán los planes de Dios. Esto es lo que quiere decirse aludiendo a la victoria del arcángel san Miguel, que es el ángel custodio del pueblo de Dios y la personificación de la especial providencia divina en favor de Israel.
Comentarios con mayor amplitud ricos en teología y exégesis: "PROFETAS" Alonso Schokel.- J.L. Sicre Díaz; Edit.Cristiandad.
6-4./DN/LIBRO:
Con toda seguridad este libro de Daniel fue escrito en tiempos difíciles, en tiempos de persecución y de resistencia.
Concretamente los comentaristas actuales sitúan su redacción entre los años 167 y 164 a C., durante la dominación de Antíoco Epífanes y antes de la victoria de los Macabeos.
En los capítulos anteriores se describen los acontecimientos históricos desde un punto de vista o perspectiva escatológica, esto es, teniendo en cuenta el desenlace final. De manera que estos cuatro primeros versillos del capítulo 12 constituyen la conclusión del relato y de su interpretación. En ellos se anuncia cómo todo llegará a un nuevo punto culminante y decisivo, en el que Israel será protagonista y vencedor y se cumplirán los planes de Dios. Esto es lo que quiere decirse aludiendo a la victoria del arcángel San Miguel, que es el ángel custodio del pueblo de Dios y la personificación de la especial providencia divina en favor de Israel.
En los pasajes apocalípticos (cfr., por ejemplo, el evangelio de hoy) la "gran tribulación" o "los tiempos difíciles" aparecen como una señal de salvación definitiva de los justos. El autor ve en los mártires de su tiempo la señal de la victoria, descubre la situación extrema que precede a la salvación del pueblo que ha resistido en la fe.
Este es "el libro de la vida" (Ex 32, 32; Sal 69, 29; Flp 4, 3; Ap 3, 5). Se trata de una imagen utilizada para expresar que Dios conoce a los suyos y los protege hasta el final.
No hay en todo el Antiguo Testamento, si exceptuamos el texto de Is 26, 19, ningún otro lugar en el que hable tan claramente de la resurrección de los muertos que "duermen en el polvo".
Aunque se dice que "despertarán" (esto es, resucitarán) "muchos", esta palabra quiere decir con frecuencia "todos", y éste parece aquí su sentido. La resurrección es para nuestro autor un postulado de la justicia divina, que no puede dejar sin premio a los mártires y sin castigo a sus verdugos (cfr. 2 Mac 7, 14). La fe en la resurrección de los muertos aparece tardíamente en el credo de Israel. Con todo, el autor del Génesis intuye esa verdad de fe el plantear la pregunta: "¿Acaso el juez de toda la tierra no va a hacer justicia?" (Gn 18, 25).
A la que responde claramente Daniel en este pasaje.
No falta una palabra de esperanza y una promesa para los "sabios", esto es, para los que enseñan a practicar y no sólo a conocer lo que es justo a los ojos de Dios. Hay para ellos reservada una gloria especial e imperecedera.
EUCARISTÍA 1982, 52
6-5.D/AUSENCIA.
Se habla de la resurrección de los muertos (despertarán). Para
aquellos que vivían bajo la persecución era la única alternativa ante la apostasía y la muerte. La resurrección era el premio de los mártires.
Ellos han preferido perder la vida antes que perder el reino.
En este texto y en toda la perícopa, Dios ni siquiera es mencionado.
Está detrás de la historia. Parecen escritos desde una mentalidad secularizada. En una concepción estrictamente científica Dios no existe como realidad. Hablar de la presencia y providencia de Dios parece algo fuera de la realidad. Hay hechos cotidianos que parecen confirmar la ausencia de Dios. El texto habla de la tribulación y no hace más que mirar a la experiencia cotidiana.
Pero este modo de ver las cosas no es el único ni impide admitir la misteriosa presencia de Dios tras los acontecimientos. El hombre puede tener experiencia de Dios en las realidades profanas.
PERE FRANQUESA
MISA DOMINICAL 1985, 22
6-6. /Dn/12/01-13:RS/AT:
El libro de Daniel es muy fecundo en símbolos, visiones, escenas evocadoras, imágenes brillantes y en una filosofía de la historia que le confiere alto precio entre los libros santos. Precisamente la aportación más valiosa del libro la encontramos en los versículos que vamos a comentar.
Se puede afirmar que, hasta la redacción de este capítulo desconoce el AT la doctrina de la resurrección. Sería tarea prolija explicar el concepto de vida de ultratumba que tenían. De todos modos, aparece ya clara esta idea: los justos resucitarán.
Pero hay más. Daniel insiste: los que se mantienen firmes en la palabra de Dios resplandecerán por siempre, eternamente, como las estrellas (v 3). La doctrina no puede ser más consoladora. Dios nos protege en esta vida y nos da, más allá, la vida eterna.
Estamos habituados ahora a hablar así, se nos antoja natural Pero fijemos nuestra atención en la audacia del autor que formula por primera vez y tan diáfanamente esta doctrina. Y si aseguramos que se trataba de un autor inspirado, caemos en la cuenta de que esta condición no nos excusa los esfuerzos. Como no los excusa el autor del libro a sus lectores, pese a que les promete la ayuda de Dios.
El autor de Daniel conoce la condición humana y hasta sus más grandes debilidades. Nos habla del orgullo de Nabucodonosor, de la impiedad de Baltasar y de la lubricidad senil de los acusadores de Susana; no es, desde luego, un ingenuo. Durante su vida ha presenciado crímenes y persecuciones, no ha vivido en un claustro alejado del mundo. Se trata de un hombre de carne y hueso, pero un hombre de fe, y hasta intransigente a veces. Y es con esa fe en Dios como cobra confianza, la más grande confianza habida en la historia, la que provoca el escepticismo irónico de los griegos frente a san Pablo, pero que a su vez fortalece a los creyentes más que suficientemente para soportarlo todo a fin de mantenerse firmes en su fe para con Dios.
J. MAS-BAYÉS
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 433 s.
"Señor, toma este corazón de piedra, y dame un corazón de hombre: un corazón que te ame, un corazón que se alegre en ti, que te imite y que te complazca."