En este tema he colocado muchas formas de identificar a Jehová, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, con el Dios que Jesús predicó y al que le llamó Padre. Esta conclusión, claro está, se basa en la prueba que se contiene en la Biblia misma.

Por ejemplo, he citado numerosas referencias de Jesús y los escritores neotestamentarios, que señalan al AT. De esta forma queda demostrado a la vez, que existe una relación inseparable entre las promesas que Dios hizo a las distintas generaciones de hombres fieles de Israel y el mensaje predicado por Jesús y sus apóstoles.

La conclusión lógica después de analizar objetivamente estas pruebas bíblicas es que Dios es Uno, y el mismo que ofreció las promesas a Abrahán y envió a Jesucristo ... y además, que detrás de las Escrituras, lo mismo del AT que del NT, hay uno y el mismo espíritu que inspiró ambas.

Así es, la Biblia es un solo libro; es muy coherente y tiene una sola enseñanza básica: la proclamación de la soberanía de Jehová Dios, y el dar a conocer públicamente cuáles son sus propósitos con respecto a lo que ha creado y cómo lo va a realizar.