No es de ningún modo objetable
el referirse a Jesús como “Dios”,
si esto era lo que Tomás tenía presente.
Esto estaría en armonía
con las palabras que Jesús mismo citó
de los Salmos,
donde a hombres poderosos,
a jueces, se les llamó “dioses”
(Juan 10:34, 35, / Sal. 82:1-6).
Claro, Cristo ocupa una posición
mucho más elevada
que dichos hombres.
Debido a la singularidad
de la posición que él ocupa
con relación a Jehová,
en Juan 1:18
se llama a Jesús el
“dios unigénito”.
Véase también EMN.
Isaías 9:6 (VM)
también describe a Jesús
proféticamente como
“Poderoso Dios”,
pero no como
el Dios Todopoderoso.
Todo esto está en armonía
con el que se describa
a Jesús como “un dios”,
o “divino”, en Juan 1:1.
El contexto nos ayuda
a llegar a la conclusión correcta al respecto.
Poco antes de la muerte de Jesús,
Tomás había oído la oración de Jesús
en la que este se dirigió
a su Padre llamándolo “solo Dios verdadero”
(Juan 17:3).
Después de ser resucitado,
Jesús había enviado un mensaje
a sus apóstoles,
entre ellos a Tomás,
en el que había dicho:
“Subo a mi Dios y vuestro Dios”
(Juan 20:17).
Después de escribir lo que Tomás dijo
cuando de hecho vio y tocó
al resucitado Cristo,
el apóstol Juan declara:
“Éstas empero han sido escritas,
para que creáis que Jesús
es el Cristo,
el Hijo de Dios;
y para que, creyendo,
tengáis vida en su nombre”
(Juan 20:31).
Por lo tanto,
si alguien concluye
que la exclamación de Tomás
significa que Jesús mismo es
“el único Dios verdadero”
o que Jesús es un “Dios Hijo”
componente de una trinidad,
tiene que examinar nuevamente
lo que Jesús mismo dijo en el
versículo 17
y la conclusión
que el apóstol Juan claramente expresa en el
versículo 31.
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