Cita Iniciado por Juan Antonio Hinojosa Ver Mensaje
Había oído hablar de ellas! Pensaba que eran mitos subsistidos a través de los tiempos. Fantasías de pescadores,
*que en tabernas de puerto y ante un vaso de vino se desahogaban de la dura vida en la mar. Sabía que eran seres mitológicos con cuerpo de ave y cabeza de mujer. Por mor de los siglos se habían mutado en los seres que ahora conocíamos. Mitad pez y mitad humano. ¡Las sirenas!
Un día soleado, mi amigo Ulises, capitán del pesquero Aquario me invito a salir de pesca. De esta manera conseguiría conocer la dura vida de la mar. Como condición impuso el que asistiera como un tripulante más a sus órdenes y sin favoritismo alguno.
Acepté la propuesta y el día indicado acudí a la cita vestido a la usanza. Como extra me había provisto también de chubasquero, por temor a coger una pulmonía. La ropa se moja y los que no estamos acostumbrados…
Salimos muy de mañana y guiados por la experta mano del capitán nos dirigimos hacia los bancos de peces. La mar estaba tranquila y apenas sentía el estar a bordo. Una ligera brisa tonificaba mis zaheridos pulmones por la vida en tierra firme. Tenía la sensación de estar tomando las aguas de un balneario
¡Algo sucede!. *Un golpe en la cabeza. Se nubla la mente y siento el frio del mar que me cala hasta los huesos. Oigo voces que no se si son de fuera o nacen de mi interior. Me instan a no rendirme y a nadar para sobrevivir. Veo al capitán Ulises haciendo señas para que salte al agua.
¡Veo visiones! En mi delirio sueño con sirenas. No de las mitológicas griegas, sino las representadas en los cuentos infantiles: Mitad mujer. Mitad pez…¿Estoy vivo?
Poco a poco vuelvo a la realidad. Me encuentro próximo a una playa. Algo o alguien me ha sostenido. Gracias a eso he salvado la vida. Del barco pesquero y la tripulación nada queda. Domino el pavor que me invade y realizo un esfuerzo para ganar lo que me queda a la orilla. Lo consigo, más el agotamiento es tan grande que me vence el sueño.
¡Oigo música! Me parece ser celestial. En las mejillas siento el contacto de unos senos de mujer. Medio adormilado veo un bello rostro adornado de rubia cabellera. Sin embargo, un nauseabundo olor a podrido inunda el ambiente. Me recuerda a los envases de pescado en el barco. La tripulación se gastaba bromas con el anuncio televisivo *”¡Le ha abandonado su desodorante!”.
Ilusión o realidad, al abrir del todo los ojos me encuentro que está ahí: La guapa sirena de los libros de cuentos. Un sudor frio recorre mi cuerpo. Siento sus apasionados besos y oigo su dulce voz: “¡Cien euros y la cama!”
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Me encantó el final!! Lo que marco en negrita es lo que podría enfocarse más a una aventura erótica. Juan, eres un hombre de letras, tus historias son fascinantes, y nos gusta leerte así, sin el formalismo de otros temas.

Besos