El evengelio resume los mandamientos de la ley de Moises en dos.

“El que tiene mis mandamientos y los observa, ese es el que me ama. A su vez, el que me ama será amado por mi Padre”. (Juan 14:21,*23; 15:10.)

POR lo visto, entre los fariseos contemporáneos de Jesús se discutía con apasionamiento la siguiente cuestión: ¿cuál era el mandamiento más significativo de los 600 que formaban la Ley de Moisés?

Uno de ellos se le acercó y le preguntó: “¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?” (Mateo 22:34-36).


La contestación que dio Jesús reviste enorme interés para nosotros. Con ella resumió lo que siempre ha sido y será la esencia de la religión verdadera. Citando de Deuteronomio 6:5, dijo: “‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente’. Este es el más grande y el primer mandamiento”. Aunque el fariseo le había preguntado por un único mandamiento, Jesús mencionó otro, citándole de Levítico 19:18: “El segundo, semejante a él, es este: ‘Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo’”. Luego, adelantándose a la posibilidad de que le pidieran que clasificara los preceptos restantes por orden de importancia, señaló que ambos mandamientos resumían toda la adoración pura: “De estos dos mandamientos pende toda la Ley, y los Profetas” (Mateo 22:37-40).



¿Qué mandamientos nos dio? Primero, adorar al Dios verdadero, Jehová, y solo a él. (Mateo 4:10; Juan 17:3.) Debido a su papel en el propósito de Dios, Jesús también nos enseñó que debemos ejercer fe en él como Hijo de Dios y demostrar esa fe evitando las obras inicuas y andando en la luz. (Juan 3:16-21.) Nos aconsejó buscar primero el Reino de Dios y Su justicia, de modo que estos desplacen a un lugar secundario la preocupación por las necesidades físicas. (Mateo 6:31-33.) Nos mandó amarnos unos a otros como él nos amó. (Juan 13:34; 1*Pedro 1:22.) Y nos comisionó a dar testimonio sobre el propósito de Dios, como él hizo. (Mateo 24:14; 28:19,*20; Revelación 3:14.)