Kimo.
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Eso no se lo dice a los cristianos verdaderos que han comprendido después de conocer a Jesucristo que el matrimonio no lo mandó él sino que es cosa de hombres, más bien agradecen haberse quitado esa lacra de enmedio.
Eso se lo dice a los que están débiles en la fe para que si no tiene más remedio hasta que lo entiendan se casen pero no porque Dios lo quiera y esté de acuerdo con ello.