[EL DIOS EMOTIVO, comentario 180]
En cuanto a obtener el consenso social general por vía de una doctrina de tipo ascético, parece que es la opción menos mala de todas las expresadas. Pero adolece del inconveniente de que es un método atrófico, es decir, extremadamente limitante de la expresividad emocional y sentimental; al punto de que en el budismo, en determinadas ramas de éste, presenta como meta la extinción completa de la vida humana terrenal en aras de una hipotética (y difícilmente sostenible, desde el prisma de la neurociencia) existencia etérea absolutamente desconectada de la vida que conocemos y que se disuelve misteriosamente en la nada de un “nirvana”. Una “nada”, ésta, tan ajena a nuestra experiencia cotidiana, racional y científica que, según dicen los gurús, sólo unos pocos privilegiados tienen la dicha de experimentar y que, además, de ninguna manera pueden explicar con palabras al resto de los mortales.