Creo que la confusión acerca del origen del ser humano, de por sí, ya está garantizada si nos atenemos sólo a las hipótesis materialistas, las cuales parecen proliferar a tal grado que da la impresión de que cada académico evolucionista en particular puede sacarse de la manga una nueva versión antropogenética, la n-ésima (con n tendente a infinito), y, si es locuaz e influyente, su conjetura hasta puede acabar ocupando un lugar destacado en el panteón de la ciencia materialista. De otro lado, para los que ya empiezan a sospechar que hay que recurrir a otras elucubraciones no evolucionistas, en vista de la cada vez más imposible unificación por consenso de los diferentes especialistas evolutivos... también, para estos pensadores no ortodoxos, se ofrece una amplia gama de moldes a rellenar con supuestas y variopintas civilizaciones extraterrestres que van desde los seres taquiónicos hasta los ignotos pobladores de la Atlántida, pasando por toda una suerte de criaturas que harían que la ciencia ficción pareciera comparativamente aburrida. Evidentemente, en el tema del origen del hombre nos movemos en un terreno resbaloso dentro de la ciencia contemporánea. Por eso, recurrir al relato del Génesis no va a añadir mucha más confusión a la ya existente, la cual es mayúscula... y puede que, después de todo, el Génesis sea capaz de arrojar luz donde sólo hay tinieblas. Como decía mi abuela: la tarta es tan amarga que cualquier ingrediente extraño que le eches no va a amargarla más, sino que, en el mejor de los casos, hasta pudiera endulzarla. Saludos.





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