[EL DIOS EMOTIVO, comentario 38]
No obstante, un estudio profundo de la sagrada escritura arroja luz sobre el estado actual del género humano y deja claro que no se trata de un experimento de “dioses” extraterrestres. Más bien, la humanidad, según la Biblia, atraviesa un período sombrío que principió cuando los primeros padres de ésta decidieron echar a un lado las livianas normas divinas y optaron por conducir sus vidas de acuerdo a sus limitadas apreciaciones acerca de la compleja e indómita realidad, con consecuencias contraproducentes para ellos y para sus descendientes. Adicionalmente, la Biblia explica que para poder recobrar a los seres humanos de la condición de desequilibrio lastimero que padecen desde entonces, donde los individuos nacen y mueren siendo víctimas y verdugos unos de otros, ha sido necesario la realización de grandes y dolorosos sacrificios por parte de Dios, quien, viéndose obligado a respetar sus premisas creativas (como, por ejemplo, la de no conculcar la libertad de elección otorgada a los seres humanos), envió al “Primogénito de toda criatura” (según palabras del apóstol Pablo en su epístola a los cristianos Colosenses, capítulo 1, versículo 15; Biblia de Reina-Valera) a esta Tierra para morir como rescate en pro de todas aquellas personas que, a pesar de su humana condición de desequilibrio enfermizo heredado (en sentido físico y en sentido mental), mostraran una sincera tendencia hacia la búsqueda de la buena voluntad divina.