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Donald Trump, candidato de ultra...¿izquierda?
Michigan, Pensilvania y Florida, la sorpresa.
Los que seguimos de cerca las elecciones el día de ayer, vimos con mucho asombro como estados que se creían asegurados para el Partido Demócrata, finalmente se dejaron engañar por el populsimo de un maniático.
El caso de Michigan, un estado que alguna vez fue la capital de la industria automotriz, ahora sumido en un rezago económico. Antes de que Japón, Corea y China se adueñaran casi por completo del mercado automotor de baja y media gama, Michigan surtía la mayor parte de automóviles, no sólo a Estados Unidos, sino al mundo entero. Su mercado se redujo sustancialmente cuando los asiáticos vieron en Latinoamérica diversas oportunidades; convirtieron a Brasil y a México en dos de los principales armadores a nivel mundial, obligando a los americanos a mover sus fábricas a otros países en un intento por sobrevivir. Pero, ¿fue la voracidad asiática la que los mandó hasta el fondo? No, fue su incompetencia la que lo hizo. Estados Unidos estaba fabricando armatostes que desde finales del siglo XX dejaron de ser competitivos; vehículos con pésimo rendimiento, de baja calidad y, por si fuese poco, estéticamente anticuados. En un mundo que sufre una crisis energética, los motores de bajo rendimiento tienen los días contados.
Luchó por mantenerse vivo en el mercado; incluso comenzó a comprar autos asiáticos y a 'retiquetarlos' con sus logotipos. Amarró por unos años algún porcentaje del sector de alta gama, pero Alemania, con Mercedes-Benz, BMW y Audi, terminó devorándolos. Así, con Asia en el mercado austero y Alemania en aquél de lujo, EE.UU. tuvo que enfrentar la realidad y mudar sus plantas al tercer mundo.
Donald Trump prometió a la clase trabajadora de Michigan volver a una era de gloria. Les dijo que sacaría a las armadoras de México para devolverlas a los Estados Unidos, y que, de no hacerlo, gravaría sus autos con un 35%. El muy ignorante no sabe que si las marcas americanas trasladaron sus fábricas, fue para seguir viviendo, pues sus autos son de pésima calidad, y su competitividad ha quedado limitada a una cuestión de precios. El mercado internacional tiene decenas de opciones, y los autos americanos no son una de las más atractivas; si a eso le sumamos carestía, pues seguramente ellos serán los únicos que compren sus cafeteras.
Este panorama se replica en cada uno de los sectores industriales de los EE.UU. Hace 50 años estaban en apogeo, sus productos eran el estado del arte; hoy, los pocos que siguen manufacturando, son meras porquerías. Basta con echar un vistazo a nuestros hogares, ¿qué marcas son las que predominan en electrodomésticos? Los asiáticos se los comieron vivos, y ahora resulta que México es el culpable.
De modo que en lugar de invertir en investigación y desarrollo, la 'estrategia' será obligar a los productores, a través de regulaciones especiales, a regresar las fábricas a territorio nacional. El grueso del electorado Trumpista, gente sin estudios, creyó en esta propuesta aislacionista que los llevará a un atraso sin parangón en su historia, tal como sufrió el pueblo ruso durante sus últimos regímenes comunistas.
México, por su parte, es reconocido mundialmente por la calidad de su mano de obra. Alemania, por ejemplo, estaría más que feliz de producir algunos de sus vehículos aquí, sólo nos hace falta un presidente honesto que no lidere con base a intereses personales, y que empiece a cortar esa pesada y estorbosa dependencia que mantenemos con EE.UU. Nosotros no somos culpables de que su ingenio no se equipare al de asiáticos y alemanes, y no tenemos por qué pagar las consecuencias de su contumacia sociopolítica. Debemos buscar más socios comerciales, esa es la única manera de salir adelante de la crisis que se avecina.
Seguiré hablando de Florida y Pensilvania más adelante.
Última edición por Aquiles_Brinco; 09-nov.-2016 a las 18:58
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