Señor, primero, déjeme decirle que su opinión no es superior, al contrario. Segundo, me parece perfecto que disienta usted de lo que no le acomoda, pero bien podría expresarlo sin insultos directos. Sus calificativos manifiestan una limitadísima tolerancia a la contrariedad y un pésimo control de la ira. Además, sus escritos en general son bastante desorganizados.
Como sea, no es mi intención convencerlo a usted de nada.






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