Caballero Blanco, mi estimado, esas palabras calan profundo en mi alma, qué muestra de humildad: yo te trato de insensato y tú, al igual que hizo nuestro señor Jesucristo en Roma hace 2000 años, pones la otra mejilla.
Te agradezco enormemente el gesto pero igual no te desbloquearé.





Responder Citando