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San Agustín, hermanos católicos, en sus maravillosos Sermones sobre el evangelio de San Juan nos expuso esto así:
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«Oh Señor, Maestro bueno, ¿cómo es que «la carne no aprovecha para nada» si Tú mismo has dicho: «Si no coméis mi Carne, si no bebéis mi Sangre, no tendréis vida en vosotros» (Jn 6,54)? ¿Acaso la vida no sirve para nada? Y ¿para qué somos lo que somos sino para lograr la vida eterna que prometes con tu Carne? ¿Qué significa, pues, «la carne no aprovecha para nada»? No aprovecha para nada pero entendida como ellos la entendieron: porque ellos entendieron la carne como la que se desgarra de un cadáver, o como la que se vende en el mercado, no como la que está animada del Espíritu. «Por eso se dijo: «La carne no aprovecha para nada», tal como se dijo también: «La ciencia hincha» (1 Cor 8, l). ¿Es que debemos odiar la ciencia? De ningún modo. Entonces, ¿qué significa que «la ciencia hin*cha? Cuando está sola, sin la caridad; por eso aña*dió: «En cambio, la caridad edifica». Junta a la cien*cia la caridad y será útil la ciencia; no por sí misma, sino por la caridad. Del mismo modo aquí: la carne no aprovecha de nada; pero esto es la carne sola. Venga el espíritu a esa carne, como viene la caridad a la cien*cia, y entonces aprovecha muchísimo. Porque si la carne no aprovechase de nada, el Ver*bo no se habría hecho carne para habitar entre nos*otros (cfr. Jn 1, 14). Si por medio de su Carne Cristo nos aprovechó mucho, ¿cómo puede decirse que la carne de nada aprovecha? Pero es el Espíritu el que por medio de la carne ha hecho algo por nuestra salvación. La carne fue el recipiente; atiende a lo que contenía, no a lo que ella era de por sí. Cuando fueron enviados los Apóstoles, ¿acaso su carne no nos aprovechó? Pues si la carne de los Após*toles nos ha aprovechado, ¿pudo acaso la Carne del Señor no servirnos de ningún provecho? ¿De dónde nos viene el sonido de la palabra sino de la voz de la carne? ¿De dónde la pluma y de dónde la escritura? Todas estas cosas son obra de la carne, pero movidas por el Espíritu, como instrumento suyo. El Espíritu es, pues, el que da vida; la carne no aprovecha de nada, pero tal como ellos la entendieron. Yo no doy a comer mi Carne de ese modo».
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