Nuestra alma, como nuestro cuerpo, necesita 7 cosas a saber: nacer, crecer, alimentarse, medicamentos, familia, autoridades y atención en las enfermedades y en la muerte.
Nacemos a la Vida de la Gracia por el Bautismo (Mt 28,19). Crecemos espiritualmente por la Confirmación (Hechos 8.14,15). Alimentamos nuestra alma con la Eucaristía (Lc 22.19,20). Sanamos nuestra alma enferma por el pecado con la Reconciliación (Lc 15.11,31). Por el Matrimonio, Dios nos da una familia para vivir en santidad. (Mc 10.6,9). El Sacramento del Orden Sacerdotal provee nuestras almas de maestros en la Fe, de gobierno espiritual, de ministros de los demás Sacramentos (Lc 10. 16) (Hechos 6. 6). La Unción de los Enfermos, como su nombre lo indica, no solamente perdona los pecados, sino devuelve la salud si Dios lo juzga conveniente (Santiago 5.14,15)

Bastaría con que los Católicos se dieran cuenta de la excelencia divina de los sacramentos, que son como el Oro de la Religión, la riqueza infinita del Catolicismo, de cómo dependemos de ellos para poder practicar la Moral Cristiana, de cómo es imposible ser Santos sin ellos, para que comprendieran hasta qué grado la Religión Católica es, no solamente la única, sino la mejor absolutamente. Inútilmente buscaremos en otras religiones algo que ni de lejos se parezca al regalo que Jesucristo nos da en los Sacramentos. No solamente nos da a participar su divinidad, sino que nos acompaña y auxilia en toda nuestra vida.