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La Iglesia Católica, según las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, contra viento y marea, afirma y exige entre otras cosas:
- al soltero, castidad absoluta. (no fornicación, no masturbación, etc)
- al casado, fidelidad total. (no divorcios, no adulterio)
- a los matrimonios, no usar anticonceptivos. (vease métodos naturales)
- a cualquiera, no recurrir al aborto nunca, so pena de excomunión.
- al ladrón, restituir lo robado.
- a todos, amar al prójimo y practicar Buenas Obras.
Es de tal manera santa la Moral Católica, que adeptos de otras religiones y aún, por desgracia, católicos mediocres o ignorantes, la encuentran imposible de ser llevada a la práctica, sobre todo en estos tiempos de un erotismo exacerbado, en lo referente a la castidad tanto de solteros como de casados. Y como ven imposible de cumplir las enseñanzas venidas de Cristo, se van a otras determinadas iglesias donde no se les "exija tanto" y no tengan que pasar por la verguenza de confesar sus pecados y caídas a un sacerdote, a quien por excusarse también y no pasar la verguenza de confesarse dicen: "yo no me confieso con un cura pecador", pretextos! y un poco de soberbia al no querer confesar y reconocerse pecador. Tras tonta excusa, decides "pasarte" a otra iglesia sin darte cuenta que cometes el terrible pecado de apostasía.
Si el primer paso para poder multiplicar es aprender las "tablas", de la misma manera para poder ser Santos, lo primero que necesitamos es aprender cómo serlo y para eso la Iglesia Católica fue enviada como Madre y Maestra: "id y enseñad a todas las naciones" (Mt.28,20).
No podemos negar que el ideal de santidad que nos propone la Moral Católica es de tal excelencia, tan superior a la naturaleza caída del ser humano, que abandonado a sus propias fuerzas, nadie podría ni ser santo ni salvarse siquiera.
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