
Iniciado por
Zampabol
Vamos a ver Nietzschano, me pones en un compromiso. Si te digo que tienes razón dejo en mal lugar a Beltroni, y si te digo que pienso que no tienes razón, eres tú el que se indispone conmigo. No quiero ninguna de las dos cosas puesto que Beltroni es mi amigo y tú creo que podrías llegar a serlo pese a nuestras diferencias. Lo que más valoro en las personas es la capacidad de diálogo. Creo que tú la tienes.
Mi opinión es que hay muchas formas de creer. Unas atendiendo más a la literalidad del los textos sagrados y otras aplicando más la razón y sacando lo que de provecho esté escrito. Yo puedo hablar por mí, y nunca desprestigiaré ninguna interpretación de la Biblia si no va en contra de su ESPÍRITU INSPIRADOR que debe ser siempre JESUCRISTO, su vida, su obra y sobre todo, el momento que da sentido al cristianismo que es la resurrección.
El hecho de citar a escritores, filósofos o pensadores, no es más que apoyarse en la opinión o los estudios de un tercero, pero debes tener en cuenta una cosa muy importante a la hora de debatir con un creyente: La Biblia para un creyente, y más si atiende a la literalidad como ocurre en muchas confesiones, es la PALABRA DE DIOS y por tanto NO OPINABLE.
Tampoco es fácil encontrar en muchos creyentes esa capacidad de diálogo de la que te hablaba al principio. Creo que Beltroni y Pana la tienen por quintales.
Un saludo
Sólo una aclaración antes de seguir con el tema: yo no pienso que beltroni sea un citador empedernido. Ahora bien mi querido Ernesto, volvamos al tema: la palabra de Dios es NO OPINABLE por lo tanto verdadera y congruente. Si acaso diera pie a incongruencias, para eso está la fé, para "mostrarnos" lo que no se puede explicar. ¿Cómo explicarías que un Dios omnisciente pretenda juzgarnos al final de los días? Una, o no es omnisciente porque ni él sabe quien será salvo al final del mundo, o dos, el juicio final no tiene sentido porque desde que nacimos estamos, o no, condenados. Para que Dios sea omnisciente no debe existir juicio final o viceversa. ¿Es equícoa la palabra de Dios en ese aspecto?
Mi pena es sencilla y nada misteriosa y, como tu alegría, por cualquier cosa estalla.