Este asunto de Salgari, como el hilo de los piratas en otro subforo, me ha llevado a pensar en algún viejo pensamiento acerca de los devenires de la literatura que no hace mucho conversaba con un amigo. El tipo se dedica a vender libros, es un librero algo conocido, y cada tanto le encargan presentaciones de obras, esas cosas. Lo dicho, algo conocido y dado su oficio, conocedor. Me llamaba la atención sobre el hecho de que "la juventud a que nos debemos" -frase que no se cae de discurso de señorón alguno-, tiene cada vez menos autores que los atiendan. Siendo joven como yo, repasaba el papel que tenía en nuestras épocas mozas el librito de aventuras que en gran medida trasmitía valores a los que los leíamos. Hasta las historietas -vagaba sobre Bull Rockett y Misterix, el Sargento Kirk o Ticonderoga-, me mencionaba, tenían algún sentido ético que, fuera desde el ángulo que fuera, unía el heroísmo con causas de mayores o menores noblezas, y permitían que el lector diera sustento a sus ilusiones de aventura. Y me incitaba a que mirara, si tenía ganas, en la infinita cantidad de concursos literarios que existen, para comprobar que en "literatura para jóvenes" había más que pocos incentivos. Casi nulos.
Como es un cínico -esa cosa que nada tiene que ver con la hipocresía-, se preguntaba y me preguntaba ya sobre las últimas cervezas, si a la juventud a la que tanto nos debemos le estábamos dando algo en el presente para mirar el futuro, o solo se le van ofreciendo los brillantes escaparates del futuro sobre la base de un presente oscurito. La promesa del después, bah, en el que descansan los trofeos de valor que ahora, hay que ver como se cotizan. Y si cotizan. En una de esas -me decía cuando nos despedíamos-, el valor del Capitan Morgan vale si vale en el mercado, no si cuesta.
Chau