Es que no todo el mundo tiene los mismos dones y las mismas aptitudes. Y, mientras unos van a misiones, otros se quedan en un convento, otros se casan y viven en su ciudad, y otros se van a estudiar al extranjero. Yo no critico a la Iglesia por tener pocos o muchos misioneros. El hecho es que siguen habiéndolos y seguirán, porque el carisma misionero siempre lo suscitará Dios entre los creyentes.





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