Por aquello de que un país que pierde su memoria está condenado a repetir su historia, intervine un par de veces en otro hilo que hablaba de remembranzas, siempre útiles. A poco nomás, comprendí limitaciones porque, como sucede con regularidad, no faltó quien responsabilizara a los habitantes del tal país de lo que les ha pasado y/o pasa. Tales comentarios provienen normalmente de los que arrojan la piedra y luego esconden la mano porque enseguida vendrá alguno a recoger la piedra y convertirla en una pedrera. Sin embargo, busqué en mi propia memoria que no tiene más pretensión que ser mía pero también el orgullo modesto de que es mía y fruto de haberme puesto a estudiar, y no en wiki. No bastó. Poco faltó en las subsiguientes provocaciones habituales, si lo único aportable era lo que se había aportado a Cuba (¡a Cuba!, que tendrá que ver...?), sobre si algún "saqueado" (¿?) contemplaba desde algún cómodo sillón (¿?) los acontecimientos porque había decidido vivir en algùn lugar "saqueador"(¿?), en fin, la inconmovible metodología a la que, en realidad, la remembranza o la memoria le importan un carajo, porque construir, incluso diáfanas diferencias sobre ellas, está fuera de sus intereses.
Así las cosas, me decidí a dejar de lado el hilo, que sí que hubiera sido interesante, toda vez que por allí se había puesto más o menos alguna o algunas visiones de adonde los hechos y las pasiones de esa memoria, de esa historia, había llevado.
Pese a todo, sigo y seguiré siendo un persistente lector de la historia, esa que ya se sabe está hecha no solo de hechos y razones sino también de sentimientos, y me lancé a releer la Historia de los Ferrocarriles de Scalabrini Ortiz, que me llevó a echar un ojo sobre las viejas leyes de Hidrocarburos, a pasar a revisar decisiones del Gral. Mosconi y sus contras de Standard Oil, y de allí fui a parar a Hipólito Irigoyen. Creo que como casi todos los grandes y pequeños hombres, mirado desde la distancia se pueden mirar las grandes y pequeñas cosas que hizo, porque vaya que tiene para mirar.
Pero bueno, no voy a entrar en Irigoyen, ni en la historia, porque ya se sabe lo que ocurrirá. Sin embargo, me quedé con una frasesita suya sobre las valoraciones de los hechos, que pasa siempre. Como decía, hay "efectividades conducentes, y patéticas miserabilidades". Para pensar, don Hipólito.
Chau