Cita Iniciado por Rusko Ver Mensaje
Pues es una pregunta que también me he hecho yo. Yo diría que estamos hablando en un plano teológico, porque en el meramente histórico, lo que hizo Cristo fue compartir nuestra muerte, una muerte horrible consecuencia de los pecados de los hombres (concretamente, de los de su tiempo: de los apóstoles, de los judíos y de los romanos que pusieron todo lo peor para llevarle a la cruz)

Ciertamente, Cristo nos podría haber redimido de otra forma… pero, ya te digo, creo que el asunto está en el plano teológico: lo de Jesús es un sacrificio, y que va aún más lejos que el de Abraham con Isaac (el padre que sacrifica al hijo), porque Abraham al final no le sacrifica. Pero el Dios padre sí sacrifica al Dios hijo, y se sella una nueva alianza en la sangre derramada por él en la cruz. Como ves, todo esto era muy común a todas las religiones, y, por supuesto, a la judía, donde habían sacrificios con derramamiento de sangre todos los días en el Templo. A nosotros, tras 20 siglos, los sacrificios sangrientos nos suenan a chino.

Como no soy un teólogo, ni historiador, ni ná… pues no puedo dar muchas explicaciones más, sino lo que pienso.


Aquí sí que no estoy de acuerdo. Todos los que vivimos ahora, lo estamos haciendo “después de Cristo” (obviamente, no hay nadie que tenga más de 2000 años), así que “ese sacrificio” nos vale a todos. Todos nuestros pecados tienen remedio si aceptamos a Dios y nos arrepentimos, y la venida de Jesús a la Tierra fue que “la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”, o sea, que el mismo Dios se abaja y se hace uno de los nuestros. Es la única forma de que lleguemos a él. ¿Y la enfermedad?. El mismo Cristo curó a los que le presentaban… pero en su tiempo las enfermedades seguían, y siguen ahora mismo. ¿No somos mortales?, ¿no fue mortal Jesús?. Cuando dejemos de ser mortales, cesará la enfermedad. El último enemigo que derrotará Dios será la muerte. Mientras tanto, a tomar aspirinas (por cierto, me acabo de tomar un ibuprofeno, que me duele el “torrao”, o sea, lo que tengo encima de los hombros. No; ese dolor de cabeza no cuestiona mi fe) (es broma, jeje)
Cuánto castigo, y cero amor, en tus creencias Pero, ¡cada quien!