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La obsesión de las religiones por prohibir, es impuesta por una razón, y es que cada nueva prohibición crea una nueva posibilidad de fallar o en sus propias palabras, Pecar y, por lo tanto, deja al feligrés a merced del perdón de Dios y que no es otro, que el perdón de sus representantes terrenales (los curas).
Arremete contra el miedo febril al cuerpo, que, se atribuye a que la experiencia del placer terrenal podría desvelar la falsedad intrínseca de toda religión, pone en duda el origen de los libros sagrados como la Biblia, la torà o el Corán, deliberadamente oscuros en su procedencia y contradictorios en su interpretación.
A situarse en el tiempo en que se produjeron. Desde una lógica radicalmente materialista, hedonista y actual, se ridiculiza la representación de la mujer en los monoteísmos. Según él, el mito de Adán “un imbécil obediente” y Eva sexualizada, la culpa y endilga a la mujer el papel de tentación, precisamente porque ella representa todo lo que las religiones odian: la inteligencia, el placer, el deseo y la vida. Ese miedo a la mujer deriva en una alabanza de la castración y, en el caso de los judíos, en un ataque generalizado contra los prepucios llamado circuncisión.
El cristianismo, la religión, a la que se acusa de falsificación, hipocresía, apología de la histeria, antisemitismo, misoginia, contradicción endémica, desprecio por la historia y plagio. El peor parado en todo esto es San Pablo. La teoría es que era impotente, porque solo así se explica su miedo cerval al sexo, miedo que trató histéricamente de extender a toda la humanidad, como quien dice para no joderse solo. Lo mismo ocurre con su masoquismo. El odio de Pablo contra sí mismo explica su vocación de sacrificio y auto mutilación, así como la afición por el dolor que caracteriza al cristianismo hasta nuestros días. Y es que, como ocurre con muchos santos y mártires, una lectura freudiana los hace parecer enfermos.
La religión es, en suma, una psicosis de grupo que podría haber sido canalizada positivamente de haberse dedicado realmente a defender a los débiles, a los desposeídos, a los excluidos. Pero su institucionalización y su poder han desbaratado sus propios principios morales, el lema; si no hay Dios toda barbaridad queda permitida, queda anulado por las barbaridades cometidas en nombre de Dios, incluido el apoyo de Pío XII al régimen Nazi.
La idea de que Jesús fue sexual y políticamente activo nos hace especular que todo lo tenía “planeado” y Judas fue el socio que lo convierte en un héroe global. En otras palabras, Jesús compitió por la gloria por la que lucharon Julio César y Alejandro magno, o talvez hasta el mismo Barrabás.
¿Habrá tenido Jesús esa intención? ¿Judas fue tan clave en lo político? Pensemos. Si Judas hubiera sido contratado como traidor, no habría devuelto las monedas ni se habría suicidado. Por el contrario, habría vivido muy feliz comprando una finquita por Galilea y con la seguridad de que Jesús le tenía reservado un espacio en el cielo por haber cumplido su plan. No fue así, entonces, ¿por qué se mató?
Seguramente porque se dio cuenta de que Jesús no era un político-intelectual como él; y, porque cayó en la trampa de pensar que su “error” era más grande que el perdón de Dios. Grave error, o no?
Última edición por Randolph Coloma Russo; 25-ene.-2012 a las 19:07
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