Resulta obvio entender que nuestra vida es como es por una serie de circunstancias.
Ya he tenido la inmensa fortuna de nacer en Valladolid, en un hogar próspero y estable. He sido arropado por el amor de mis padres, que se esmeraron en darme la mejor educación posible.
Estoy seguro de que mi vida sería totalmente diferente si hubiera nacido en Costa de Marfil, por ejemplo, pues de seguro que hubiera pasado bastantes penalidades.
Pero como aquí se habla de religión, me veo obligado a opinar que nuestro Dios no tiene nada de misericordioso, pues, de serlo, no permitiría estos profundos desniveles sociales, raciales y culturales que son la causa principal de todas las desgracias de la humanidad.





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