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Estaba nuevamente sin empleo, pero un amigo me informó que se estaba construyendo una planta de fertilizantes y que ahí podría encontrar empleo. Efectivamente, una compañía constructora me dio empleo como auxiliar de personal, por ese tiempo decidí cortarme el pelo al rape, lo que provocaba que los trabajadores me hicieran bromas, me llamaban “peluchín”, las obligaciones eran diferentes, muy temprano acudía al lugar donde se tomaba el camión de la compañía para verificar que los que subían fueran empleados de la misma, aunque alguna que otra vez, permití que subieran trabajadores de otras compañías que habían perdido su transporte, una vez llegados al área de trabajo, tomaba asistencia uno por uno y durante la jornada laboral, hacía trabajo de campo, acudiendo a los diferentes lugares donde estaban asignados para verificar que efectivamente estuvieran trabajando, en ocasiones había que subir a estructuras muy elevadas, que se interconectaban por algunas vigas, sin protección de ningún tipo, los soldadores –que fumaban mariguana- pasaban por estos peligrosos lugares bien alucinados y cuando llegaba a preguntar su número me decían “pásate para acá y te digo”, los veía bien y anotaba sus números, pero no cometía el error de pasar. Uno de ellos, creyendo que no iba a reportar que estaba ahí, esperó a que bajara de la estructura y me Lanzó una pesada tuerca que rebotó en mi casco de aluminio, no lo vi, pero me lancé nuevamente hacia arriba y no fue necesario preguntar el clásico ¿quién fue?, todas las miradas estaban dirigidas a él, bajé a la oficina de personal y reporté lo sucedido, mi jefe llamó de inmediato a los marinos, que lo trajeron y una vez cobrada su liquidación lo pusieron fuera de la obra, otra de las tareas a realizar, además de preparar la nómina, consistía en poner en sobres los salarios que se pagaban el sábado por la mañana. El Jefe de Personal mañosamente no pedía las monedas suficientes y en varias ocasiones el sueldo salía recortado por pequeñas fracciones, que sin embargo una vez sumadas resultaban en una cantidad importante, misma que sustraía para sus vicios. Fui testigo mudo de cómo el sindicato –CTM local- vendía a sus agremiados. Una mañana llegó a la oficina una denuncia de que se planeaba un paro de labores, se indicaba el día y la hora, finalmente una lista de algunos trabajadores que lo estaban promoviendo. De inmediato se preparó la liquidación y fueron sacados a la fuerza por los marinos, después el líder charro pasó a recibir su gratificación.
Ahí estuve todo 1982. Un excompañero de Redap que en ese tiempo se desempeñaba como Tesorero de la sección local del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, me solicitó que lo ayudara a organizar los comprobantes de 2 años de ejercicio, le dije que le ayudaría en tiempos libres, me presenté a sus oficinas y me entregaron un par de cajas con documentos –notas y facturas, estados de cuentas bancarias y fichas de depósito respectivamente, sin ningún orden-, me explicaron que “el Nacional les pedía información ordenada por meses, me di a la tarea de ordenarlos cronológicamente y después por concepto, resultando unos reportes que afortunadamente coincidían, cuando hube terminado el primer año, me ofreció empleo ahí, el sueldo era muy bajo y no estuve de acuerdo, me explicaron que solamente tenían dos categorías de empleados básicamente: Secretarias y Auxiliares de oficina y como sería el más nuevo, se esperaba que empezara por lo más bajo, no me convencieron, por el contrario, pedí el sueldo más alto, el de la secretaria más antigua y la designación de Auxiliar Contable, que al no existir, no provocaría reacciones adversas en el personal, esta vez que llegamos a un acuerdo, pedí una semana para renunciar a mi empleo en la constructora, que además me debía 80 horas extra. El Superintendente se dio cuenta y me mandó a llamar, me preguntó ¿porqué se va? Aproveché la ocasión para exponerle que me habían prometido un aumento de sueldo que nunca llegó, un ascenso que dieron en dos ocasiones a recomendados menos capaces que yo y por último que no me pagaban las horas extras. Me pidió que me quedara y me daría el ascenso y vería que me fuera pagado el mencionado tiempo extra, pero ya puesto en el camino no quise regresar.
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