Sucedieron muchas más aventuras en el cumplimiento de mi trabajo.
La motobomba era custodiada por un bombero en cada turno, que estaba al pendiente de los llamados por radio y que a la primera señal de emergencia, hacía sonar la sirena, a ese sonido, debíamos concentrarnos de inmediato en ella para acudir al área solicitante, pero no faltaban las bromas chuscas, por ejemplo: se recibía un llamado “Rojo uno –nuestra clave- Rojo Uno para móvil cinco, se requiere su presencia urgentemente en la puerta del muelle, se ha incendiado el mar”, lógicamente estas llamadas estaban prohibidas, pero usaban claves falsas, mientras, en nuestro cuartel, había sonado la señal y corríamos todos, dejando atrás todo, a veces los alimentos recién ordenados y servidos. Pero eran los gajes del oficio, sufríamos pequeñas quemaduras, nos exponíamos a gases tóxicos, calor abundante, áreas polvosas choques eléctricos, explosiones y a todos los riesgos de esta profesión, pero a cambio, tuvimos la oportunidad de conocer todas las áreas de la planta, la ubicación de los muchos y variados extinguidores, - a los que revisábamos periódica y rigurosamente, los túneles y escaleras que muchos no conocían, y sobre todo, el grado de riesgo de cada área, de acuerdo a sus contenidos y productos finales. Laboré como bombero durante tres años y medio, los compañeros me nombraron Delegado de Ajustes, puesto sindical que no aportaba nada, además de problemas ajenos, los compañeros no cuidaban su trabajo y acudían al delegado de ajustes para buscar soluciones. Un caso que ejemplifica esto es el siguiente: Zamora se presentó ebrio al trabajo, le dije que ese era un motivo suficiente de despido y me contestó “ya tengo tres faltas, una más y automáticamente estoy dado de baja”, que irresponsabilidad, ¿que puedo hacer por ti? Tú solo te estás corriendo, nueva respuesta, pues, sólo tú puedes hacer algo, para eso eres el Delegado de Ajustes. Hice un último intento, hablé con el capitán y le expliqué la situación, solicitándole que considerara canjear ese día por el de descanso, que le tocaba al siguiente día. Zamora era un buen bombero, valiente, audaz, obediente y muy capaz, razones por las cuales el capitán accedió, lo envió de regreso a su casa, advirtiéndole que no toleraría otro error, sin embargo Zamora lo tomó como algo personal y reaccionó negativamente, habló tonterías en contra del capitá y apenas una semana después fue dado de baja del grupo, decidí renunciar a ese puesto sindical.