
Iniciado por
kaleido
una pregunta diganme como sellama su dios?
"YO SOY" es su nombre. Y la Segunda Persona de su Santísima Trinidad se encarnó en el seno de la Virgen María y desde entonces se llama JESÚS, que significa "el que salva", al que se le agrega el término Cristo, que significa "el ungido" y forma el nombre de Jesucristo o Cristo Jesús. también simbólicamente un ángel le llamó "Emmanuel", que significa "Dios con nosotros".

Iniciado por
Socorp
Hola,
en estos casos es mejor como hago yo: no pecar. Si uno està libre de pecados no necesita ir a confesarse.
Muchos se portan mal y se confiesan los domingos...¿Cuàl es la gracia? ¿No es mejor no pecar como hago yo?
Saludos.
Hola, Socorp. No tengo por qué dudar de lo que dices, aunque sería admirable encontrar a una persona que no cayera en pecados mortales ni veniales, que no hiciera nada de la lista del enlace que he puesto en mi mensaje anterior. De hecho, ninguno de los grandes santos han estado libres de pecado, tan sólo Jesucristo y la Virgen María.
La gracia de esto no es no pecar, sino luchar por amor para no pecar y para levantarse cuando uno cae. A veces, el Señor nos deja sin fuerzas para que caigamos aunque sea en pecados veniales. Estas caídas sirven para ser más humildes y probar nuestro amor levantándonos.
Las personas que no caen en pecados mortales, aun así frecuentan la confesión por adquirir la Gracia, la fuerza que te da ese sacramento, porque si se busca bien siempre tenemos algún pecadillo venial aunque sea: no rezar lo suficiente, omitir ciertas buenas acciones que podríamos hacer, distraernos en misa, no ser lo suficientemente dulce y cordial al hablar con las personas o no ser lo suficientemente firme para decirles lo que necesitan oír para su bien, no mortificarnos lo suficiente para ofrecer esa cruz al Señor, etc. Lo mejor es confesarse cada semana por ganar la gracia del sacramento, y por supuesto intentar no pecar ni venialmente, aunque si se cae, uno se levanta y a luchar de nuevo. Ser flores puras, hijos fieles y buenos del que tanto nos ama, pero no es fácil y el Señor siempre nos perdona para que volvamos a intentarlo.
Inmaculado Corazón de María, ¡sed mi salvación, Madre Mía!