Los creyentes tienen todo el derecho de arrodillarse ante una divinidad y sentirse pequeños. Otros ni necesitan de dioses para eso. Los sentimientos de pequeñez y desamparo hablan de la persona que carga con ellos, no de Dios.
Los creyentes tienen todo el derecho de arrodillarse ante una divinidad y sentirse pequeños. Otros ni necesitan de dioses para eso. Los sentimientos de pequeñez y desamparo hablan de la persona que carga con ellos, no de Dios.