Desde el punto de vista de las creencias cristianas, Jesús era el hijo de Dios, inmortal, con el poder suficiente para vencer a la muerte, por eso resucitó al tercer día, así que realmente nadie podía matarlo.
También pudiera ser que Jesús, fuera simplemente un hombre nomal y corriente, que fuera ajusticiado y condenado a morir crucificado.





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