A veces es mejor quitar el sufrimiento a un animal que verlo morir lentamente en agonìa.
En una ocasiòn venìa con mi Lobo negra por la costera y a la mitad de la interestatal estaba un pobre perrito sufriendo porque un auto lo habìa arrollado y el pobre se revolcaba de dolor.
Yo pasè vertiginosamente tratando de ignorar al pobre can, pero unos metros màs adelante me ganò el sentimiento, me detuve, di vuelta para retornar hacia el can herido, y con todo el sentimiento que me envargaba le pasè mis llantas todo terreno para aliviar su dolor con la dulzura de su muerte.
Ahora debe de estar en el cielo de los perros.
Lo que uno tiene que hacer para aliviar el dolor ajeno.