Los sacrificios que se hacían en el pueblo de Jehová, tales animales debían estar sanos, y no era admisible ningún animal enfermo o defectuoso.
Por qué? ¿Que representaba todo eso?

Por lo tanto, que nadie los juzgue en el comer y beber, o respecto de una fiesta, o de una observancia de la luna nueva, o de un sábado; porque esas cosas son una sombra de las cosas por venir, pero la realidad pertenece al Cristo.

Desde que se inauguró el nuevo pacto sobre la base de la sangre de Jesús, los cristianos han reconocido el valor dador de vida de esta sangre, que Jehová ha provisto mediante Jesús como el gran Sumo Sacerdote que entró no, no con la sangre de machos cabríos y de torillos, sino con su propia sangre una vez para siempre en el lugar santo, y obtuvo liberación eterna para nosotros.