A Jesús le preocupa muchísimo la reputación de su Padre (Juan 14:31).

Le angustiaba mucho que el hecho de ser acusado
de blasfemia y sedición pudiera deshonrar el nombre de su Padre.

Por eso le dijo: “Padre mío, si es posible, aparta de mí esta copa” (Mat. 26:39).

Como se mantuvo leal hasta su muerte,
Jesús pudo vindicar de manera definitiva el nombre de Jehová.