Ser eterno no significa ser inmortal. La vida eterna depende de la obediencia.
La inmortalidad la adquirió el Hijo de Dios después de morir y ser resucitado para vivir en el cielo nuevamente.1 Timoteo 6:15, 16
El primero que la Biblia dice que fue recompensado con el don de la inmortalidad es Jesucristo. Él no poseía la inmortalidad antes de que Dios le resucitase, como indican las palabras inspiradas del apóstol en Romanos 6:9: Cristo, ahora que ha sido levantado de entre los muertos, ya no muere; la muerte ya no es amo sobre él.





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