El Estado no fija por bondad los salarios. Como todo precio, pues el salario no es el valor del trabajo sino de los medos de subsistencia para su sobrevivencia, se fija de acuerdo con la oferta y la demanda. Pero además cuenta la reacción de los trabajadores en el asunto. Ya sea en favor de los patrones o en contra de ellos, los trabajadores son el factor que ambos (patrones y Estado) sienten a la hora que estos van a la huelga y ejercen sus armas de lucha.




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